viernes, 19 de junio de 2009

Mala suerte, moleskines y otras cosillas


Les presento a mi primera moleskine (después vinieron otras, incluyendo una agenda que adoro). No sé porque le saqué la foto entre cebollas, supongo que podría alegar que se trata de una metáfora y hacer una larga explicación conceptual, pero no tengo ganas.

La cuestión es que hace un tiempo, mucho tiempo, tenía ganas de presentar una serie de dibujitos, a modo de diario, hechos en estos lindos cuadernitos (para quien no los conoce, hay varios sitios dedicados a este cuadernillo de origen italiano). Obviamente me encontré con que la idea no era original (imposible! Hasta en la tapa dice que la usaba Picasso, así que imaginen la probabilidad de hacer algo nuevo con esto). Si no saben que hacer o que buscar en la red, hay muchos y muy buenos artistas que hicieron maravillas en estas páginas algo amarillentas.


Todo muy lindo, pero igual me voy a sacar las ganas y de a poco iré publicando algunas de las cosas que dibuje, por ejemplo



No son lo mejor, pero a mi me encantan. Son Lupe (personajito que vengo haciendo hace rato, futuro personaje de algún cuento) y Momo, mi hermoso gato, que ya tiene un añito y le encanta dormirse sobre mi escritorio.

Eso con respecto a las Moleskine, por el momento. Ahora, la mala suerte, jeje. Cuestión es que hace más de 30 horas que estoy sin luz en mi casa, así que ahora estoy viviendo de prestado, junto con mi hijo, en el depto de novio. Se supone que se quemo la caja de los fusibles, que hay que cambiarla por una térmica y blablá, pero el tema es que no consigo electricista, perdí muchas cosas de la heladera, llegamos al colegio de mi hijo y nos habíamos olvidado la mochila, rompí la silla de lona de mi chico (lo que es terrible, porque confirma los kilos de más que tengo). Son tonterías, pero por suerte, ahora que lo veo desde acá, son graciosas… y me hicieron salir del encierro de mi casa. Como suelen decir, no hay mal que por bien no venga.

Y las otras cosillas: me faltan los últimos detalles y ya termino la bufanda, empecé un nuevo bichito, una especie de oveja-cabra inspirada en un cuento de mi hijo, la gente me sigue diciendo “uy! Yo también quiero uno”, lo cual no implica que realmente hagan el pedido, pero por lo menos gustan (o saben quedar bien).

Mmm, creo que sólo eso. Son las 9:30 de la mañana y tengo que ir a ver si no tengo un charco enorme alrededor de la heladera, darle de comer a Momo y preparar el feijão que me pidió Simón para comer.

Así que, chau.

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