Empecé a escribir esto sin saber muy bien a qué quería llegar, pero necesitaba decir en voz alta algunas cosas. En realidad, volver a decir. Releyendo entradas anteriores, básicamente me vengo repitiendo cuál disco rayado, pero necesitaba recapitular. Piensen mi blog como una serie aburrida de Netflix donde en cada entrada tienen un “previamente, en Pica Pau…”, solo que mis capítulos son siempre los mismos y los previamente son repeticiones de los anteriores previamente. Con suerte, la próxima entrada-capítulo se pone más interesante. O pueden apretar el “omitir intro” y saltarse todo esto y esperar un par de días, con suerte, cuando escriba sobre cómo empecé a vender muñecos y me compliqué la existencia.







Se me dibuja una sonrisa de pena empática (¿existe eso?) cada vez que leo alguien pedir disculpas por no haber posteado nada en determinado tiempo.

No termino de entender exactamente porqué lo hacemos, pero eso no me impidió pedir disculpas por mi ausencia mil veces en todas las redes sociales y especialmente acá en el blog.

Evidentemente, si pedimos perdón es porque suponemos una obligación para con el otro.  Nos sentimos en falta con las personas que nos leen, las que quieren estar al tanto de nuestros proyectos, productos, vida, o lo que sea que hagamos en redes sociales. Porque es una ida y vuelta. 

Todo acto de comunicación supone ambas partes para funcionar como tal. Yo hablo, vos escuchas. Y, si todo sale bien, vos respondes y yo te respondo….y así hasta el infinito y más allá.

Perdón.

En fin…si llegaron acá a partir de mi último post de Instagram ya se imaginarán más o menos como viene la mano. O al menos tendrán sus sospechas.

Si no saben de lo que estoy hablando, no se preocupen que me repito tantas veces que seguro se van a enterar.


Estoy cansada. Mucho pero muy, muy cansada. 

Al punto de que hace meses que tengo ganas de hablar de esto (mucho antes de la entrada enojada de junio) y no encuentro el momento o la motivación. Básicamente porque el solo hecho de pensar cómo decir lo que siento sin que nadie se ofenda o entienda cualquier cosa porque no leen o simplemente tienen ganas de pelear me saca las ganas de sentarme escribir hasta un simple “hola!”.


Hace un par de años, cuando empecé con este último libro…¡caranchos!, ahora que me pongo a pensar ya van casi tres años de eso!

Bueno, cuando empecé con el último libro sentí que ya no lo estaba viviendo de la misma manera que con los anteriores. Más allá de las diferentes experiencias (y la experiencia del tiempo pasado en sí) ya me sentía agotada, con muchas ganas de hacerlo pero, al mismo tiempo, con una sensación extraña en el cuerpo. Como cuando comes algo que te gusta mucho pero sabés que probablemente no te vaya a caer tan bien y te agarra ansiedad de solo pensar en los reflujos molestos que vas a empezar a sufrir en un par de horas. 

Pero le eché la culpa a mi tercer embarazo.

Después pensé que la razón de esa peculiar incomodidad  era el post parto, y lo que viene después de eso, que es lidiar con un ser muy pero muy pequeño en uno de los  momentos más estresantes de tu vida laboral con poco y casi nula ayuda externa.

Y después pensé que podía ser la maldita pandemia (hablar de la pandemia como un evento lejano pero que todavía continúa en el presente me deprime un poco, no lo voy a negar). 

Y sí, probablemente no sea una sola cosa sino un menjunje de todo eso batido y estrujado en mi cabeza atravesando circunstancias que hacen que cualquiera se sienta batido y estrujado y con ganas de que desaparezca todo por al menos unos segundos porque qué año de mierda ¡por Dior!

Y los casi 12 años de hacer más o menos lo mismo no ayudan, eso también podemos agregarlo al menjunje. De pelearme por lo mismo, de amargarme por lo mismo, de no dormir por lo mismo, de sentir que mi humor depende demasiado de muchas personas desconocidas por lo mismo. 

Y yo que no lo puedo resolver porque soy demasiado terca o muy boba como para poder cambiar de estrategia. Seguramente un poco de ambas cosas.


 Y vuelvo a lo que intentaba decir al principio y creo que intento explicar cada vez que empiezo a hablar de esto: expresar mi cansancio, mis molestias, el lugar donde está mi cabeza cada vez que me siento a trabajar, decir todo eso no implica que sea una desagradecida, que no sea capaz de ver todo lo increíblemente bueno que pasa a mi alrededor, la suerte inconmensurable que he tenido todos estos años.

Todo lo contrario.

Si estoy acá y sigo escribiendo (y probablemente siga estando y escribiendo) es porque todavía no puedo creer todo lo maravilloso que me trajo este trabajo impensable y casi ridículo de imaginarme como caronchas hacer que un dibujo o una idea se convierta en un objeto de tres dimensiones en una de las técnicas más controversialmente kitsch que se inventaron (sí, hablo del crochet).


Y por esa misma razón me da mucha pero mucha bronca no poder sentirme igual de emocionada y feliz con mi trabajo, con lo que hago y tengo ganas de hacer. Necesito ser honesta con lo que siento. Puedo hacer de cuenta que está todo bien, mentirles un poco y seguir subiendo fotos bonitas, pero lo siento falso, forzado, y estoy segura que a la larga ustedes van a notar esa superficialidad en mis palabras (ahí va a ser cuando empiece a llenar mi feed de unicornios, arco iris y frases de autoayuda para intentar tapar mi tristeza y vacío emocional. Huyan).


En fin. Con malestar estomacal y esa sensación incómoda salió el tercer libro en el peor año de nuestra generación, este año de mierda (perdón por mi uso del vocabulario, pero creo que todos estamos de acuerdo en que este es un año de mierda ¿o no?) que me sacó las ganas de disfrutarlo como me hubiese gustado. 

Lo cual hace más paradójica la situación, porque el hecho de que justo haya salido este año le funcionó a muchas personas como material de distracción y a mi me empujó a amigarme con los talleres online, cosa que no puedo agradecer más porque me reconecté con las personas de la manera que lo hacía antes de ser “conocida”. 


Entonces, y más aún todavía, sentí esa necesidad de disfrutar mis proyectos cuando los hacía solo pensando en que me tenía que gustar a mi y, con suerte, a las personas que estaban del otro lado y sabían de dónde venía todo eso (ah…aquellas maravillosas épocas del blog).

 Necesito volver a tener esa “garra” que veo en las personas que hace tan solo un par de años que andan por acá, ese entusiasmo, esas ganas de darlo todo por un proyecto.


Ok. Sí.  Tal vez a mi tarro de razones por las cuales ya nada me motiva tenga que agregarle mi edad, jeje. Muchas de estas personas nacieron (o vieron nacer sus proyectos) con un celular y redes sociales en la mano y proyectan su vida a través de una pantalla, les sale natural y disfrutan todo el proceso.

Yo lo sé usar, le saco provecho, pero no lo disfruto y en más oportunidades de las que quisiera me siento en la obligación de encajar o de comunicar cosas que poco me interesan sólo para “agradar” a un público más amplio. 

El otro lado de la pantalla se hace cada vez más grande, más genérico, y cada vez es más difícil satisfacerlos a todos.

El “engagement” programado y buscado, el pensar a través de los malditos algoritmos para llegarle a personas que ni siquiera nos interesan. Porque si tenemos que llegar a eso, el bendito engagement deja de ser natural, “orgánico”, como le dicen, y nos convertimos en Coca Cola en esa carrera obsesiva de recordarle a su público todo el tiempo que quiere tomar Coca Cola porque, ¿adivinen qué? Si lo dejan de hacer, en mucho menos tiempo del que ustedes piensan la gente deja de tomar Coca Cola.

Y pensar cosas con eso en mente es una verdadera porquería. Es todo vacío, todo packaging, todo confeti de colores y filtros y encuestas y “los leo”.


No, querida Yan, no sigamos por ese camino que vamos a empezar a vomitar cosas que van a ofender a muchas/os.

Y vuelvo a aclarar, no estoy atacando y/o juzgando a quienes sienten o tienen la necesidad de usar esas estrategias porque son empresas, negocios y/o venden determinados productos (o sí, pero no es culpa de nadie sino de un sistema híper macabro, tema para otro día). 

Estoy hablando de las/os que estamos en un lugar que no tiene un nombre concreto y a pesar de que “vendemos” algo, en el sentido más amplio de la palabra,  nos sentimos obligadas/os a bailar delante de una pantalla para llamar la atención.  Y es una porquería.


Perdón. 

Vuelvo a lo que iba. En mi búsqueda, no tan activa como me gustaría, de encontrar las razones por las cuales me siento tan desmotivada, me encontré con una teoría que intenta explicar porque nos afectan tanto los comentarios y críticas negativas.

Como algunas/os ya habrán deducido, otra de las razones por las que me he alejado un poco de todo esto (y la que es factor determinante a la hora de compartir mis conocimientos y/o experiencias) es la cantidad importante de personas que se aprovechan y abusan de todo este material que anda flotando en las redes sociales  y otros antros. 

Ya hablé un millón de veces sobre esto (plagio, compartir los libros gratuitamente, la venta ilegal de libros digitales, etc) y fuera de que en proporción a la cantidad de comentarios llenos de cariño y comprensión lo negativo es la mismísima nada, al mismo tiempo, es un montonazo. 

Para darles una idea, y para eso voy a  correr el riesgo de pasar por engreída con un ejemplo en números reales: si el 1%  de las personas que siguen mi cuenta de Instagram lo hacen sin ningún tipo de respeto por mi trabajo y se abusan de él (en cualquiera de sus formas) son 1730 “negativos”. Mil setecientas treinta personas que, por alguna razón u otra, hacen que mi día sea una porquería, que tenga ataques de ansiedad, que me ponga de mal humor, que no pueda dormir. Y, lo peor de todo, son personas que no conozco y no se dejan conocer (la mayoría son cuentas privadas) y tampoco me conocen a mi más que por un perfil de una red social donde simplemente comparto mi trabajo de todos los días.


Ojo, no soy tan idiota-narcisista. También soy consciente de que la gran mayoría lo hace sin pensarlo, sin siquiera intentar afectarme, no saben quién soy ni les interesa. 


En fin ¿A qué venía de nuevo con todo esto? Ah, la teoría. 

Bueno, dice algo así como que nos quedamos con los malos comentarios porque nuestro (primitivo) cerebro los lee como amenazas y, por lo tanto, lo afectan haciendo que todo nuestro sistema de defensa se dispare. Y queremos huir a cómo dé lugar, o atacar con todas nuestras fuerzas como si nuestra vida dependiera de destruir esa amenaza que tenemos delante. Casi que podríamos decir que los “malos comentarios” son las sustancias que causan alergias.

Si un animal que come siempre feliz en un pastizal un día se encuentra con una víbora que le muerde la nariz, probablemente dude en volver a ese mismo lugar.

Pero el pasto es tan verde y tan lindo y le hace tan bien. Y bueno, vuelve. Seguramente la víbora ya se fue…pero en otra esquina aparece un escorpión.  

Bueno, ya se imaginarán a qué voy con mi tonta historia y su burdo intento de ser metáfora. Si nos muerden cada vez que intentamos estar-comer-pasear en un lugar, probablemente se nos quiten las ganas de volver allí.


Lo mismo me viene pasando últimamente (léase, en los últimos 5 años, más o menos). Cada vez que digo-posteo algo, por más que no tenga absolutamente nada que ver con el tema y esté súper feliz, alguien me escribe para contarme que mi trabajo está siendo compartido en quichicientos grupos de FB (no solo el mío, sino el de todas mis colegas), que decenas de sitio venden los patrones ilegalmente, que fulanito de tal está dando cursos y se adjudica tus patrones, hasta usa tus fotos para promocionarlos.

Nada, es como que ya me veo venir las víboras y los escorpiones y los parásitos y  no quiero saber más nada de nada.

Me quiero quedar tranquilita en mi rincón. 

Pero si me quedo en mi rincón durante mucho tiempo me muero de hambre y encima soy inquieta, y encima  hace doce años que solo sé comer el pasto de ese pastizal y no sé si podría encontrar uno nuevo….bueno, creo que ya no me sirve la metáfora. Pero se entiende ¿no?


Así que nada, y todo lo anterior.

No sé si la solución será buscar nuevos pastizales, ponerme una armadura o simplemente aprender a convivir, de una vez por todas, con las alimañas. O todo eso junto.

Y soy consciente de que todas/os tenemos que soportar nuestra buena porción de veneno en todos los ámbitos de nuestras vidas , y que no me puedo quejar porque tengo un pastizal divino….ok, cada vez me parece más idiota la metáfora, pero es esto o no me largaba nunca más a volver a escribir. Sepan disculpar la falta de creatividad en la prosa.

Necesito volver a escribir contenta, con ganas de compartir la experiencia acumulada, ya sea para saciar mi ego y la curiosidad de algunos,  como para despejar un poco el camino de quienes tengan interés en incursionar seriamente en estas tierras (y seguimos con la tontería de los pastizales…se ve que tengo ganas de huir de la ciudad a toda costa).

Y sé que se puede.  Estos últimos meses volví a sentir esa alegría en mis talleres virtuales: la proximidad, las ganas de hablar, el ida y vuelta sano con el otro, las ansias de comenzar el día de trabajo con una sonrisa. 

Y quiero, necesito, que eso vuelva a ser parte de nuestra comunidad más amplia, no sólo de un grupito selecto que puede darse el lujo de tener el tiempo y el dinero para pagar por un taller virtual.


No me voy a poner a hablar de parte de todas/os los que formamos la comunidad craft/artesanal porque cada una/o tiene su historia y sus razones para hacer y comunicarse como quiere o le parece más conveniente para sacar adelante o mantener su proyecto. 

Pero, y hablando solo por mi, necesito de ese ida y vuelta. Necesito sentir que las personas que están del otro le dedican el mismo tiempo y energía que le dedicamos nosotras/os a este intercambio.

No podemos vivir regalando golosinas para que nos sigan mirando. Y a veces hay que comer alguna cosa que sea un poco más nutritiva. 


Y acá estoy, escribiendo un día después porque tener tiempo para escribir tanta cantidad de sin sentidos es un privilegio.

Y no les miento, ayer recibí dos y hoy ya recibí otros tres mensajes de nuevos sitios donde comparten libros y patrones. No es mentira, no exagero.

Es TODOS LOS DÍAS, con mi trabajo y con el de mis colegas.


La verdad es que, cuando no se forma parte del proceso, es muy difícil ver cuánto afecta a las personas involucradas (cuántos podemos decir que jamás nos bajamos algo gratis cuando no lo era, música, películas, etc)

Pero ojo! Cada vez que me encuentro una de estas publicaciones no pienso en la plata que perdí porque, sinceramente, el dinero que ganamos los autores por las ventas de nuestros libros es casi simbólico. 

O sea, vuelvo a aclararlo por enésima vez (porque “el púbico se renueva”, jaja): Jamás hice lo que hago pensando en dinero Les diría que, casi cualquier otra cosa que hubiese hecho de mi vida me hubiese generado mayor solvencia monetaria. Y probablemente menos dolores de cabeza y cervicales y callos y discusiones virtuales  con desconocidos que quieren que mi casa se incendie con mi familia adentro (amenaza real que recibí hace un tiempo).

Pero probablemente también hubiese tenido menos alegrías y satisfacciones laborales y hubiese conocido mucha menos gente (bueno…tal vez esto iba del lado “contras” de la ecuación).

 Y por eso sigo acá.

Pero estábamos en eso que sentía.

Cada  muñeco, cada libro, cada cosa que se me ocurre y largo al universo lleva una gran parte de mi consigo. Tiene mi tiempo, mis ideas, mi infancia, mis recuerdos, mis gustos , mi familia….y esto último es mucho más fuerte de lo que parece. 

Tiene MUCHO tiempo de mi familia. No es que haya dejado de compartir tiempo con ellos (porque están siempre encima mío, jaja) sino que compartieron conmigo mucho estrés, mucho mal humor, mucha ansiedad, verme triste, enojada, apurada, sin ganas, deprimida. Todo para terminar algo que necesitaba hacer, un compromiso con un tercero o conmigo mismo.


Todo eso (y un montón de otros detalles que voy a ir contándoles de a poco) se me viene a la cabeza cada vez que leo a alguien decir “yo me compré el libro y hago lo que quiero con él”, o “vi la foto en Pinterest y me gustó, es tu problema si lo compartís”.

Nada. Son cachetadas todos los días malditos días.

Obvio, como ya lo saben y yo también lo sé sino no estaría escribiendo esto, del otro lado me están dando besos, abrazando, apoyando…y pido perdón, mi lado alemán es más fuerte que mi lado brasilero y no sé como reaccionar a las demostraciones de cariño. Pero también lo siento.


Y la verdad es que nunca pensé que mi trabajo fuese importante. Hago muñequitos en crochet, es casi ridículo que esté hablando de todo esto siendo este mi trabajo. Y es un problema mío, un prejuicio incorporado que todavía no logro resolver. Pero no podía creer que algo tan ingenuo, por así decir, me trajera problemas o dolores de cabeza.


Y venía siendo así, y se hizo fuerte cuando saqué el primer libro y menos de 6 meses después las personas de la editorial a las que le confié los primeros 5 años de mi trabajo me “traicionaran” (ya les voy a contar). 

Fue tan pero tan grande el disgusto que pensé ¿Para qué sigo haciendo esto?”.

Esa fue la primera vez que mi marido tuvo que frenarme porque tenía ganas de publicar todo gratis en el blog para que esa editorial no ganara un centavo más con mi trabajo (no sería mi última explosión, pero creo que fue la peor). 

Estuve al borde de un colapso nervioso (jamás me había pasado algo tan pesado a nivel laboral/legal) y quería mandar todo al demonio porque no le veía sentido a nada. 

Pero entonces alguien me escribió: “Gracias a tu libro pude pasar un embarazo en reposo sin volverme loca”, “Gracias a tejer tus muñecos pude ayudar a mi familia a llegar a fin de mes”.

Y sé que mi libro, mis libros, no tienen nada en especial, pero funcionaron como algo que no había imaginado: sirvieron de distracción en malos momentos, hacer que el tiempo pase más rápido, relajarse después de un día pesado, un ingreso extra para mujeres que no quieren/pueden trabajar más que en sus casas, etc.

Y que quede bien pero bien claro esto, lo más importante: no es que mis libros logren eso por ser míos o “especiales”. Lo logran simplemente porque son eso, LIBROS.

Los libros tienen esa facultad. Sin importar el contenido, ese interés que puede despertar en una persona que se sienta a leerlo (y habría que remarcar ese “se sienta a leerlo” como el acto de parar todo, de concentrarse en ese momento, de dejarse llevar por lo que nos haya llamado la atención de esas páginas) es lo que condujo a que esas personas me escribieran. Y es lo que yo había pasado por alto. 

Y ese tiempo que estas personas le dedicaban a ese libro era  (es) el tiempo que yo le había dedicado a hacerlo. Esa paciencia, ese cariño. Su tiempo, mi tiempo.


Y tal vez por eso, y estoy casi segura de que es por eso, duele tanto ver cuando algunas personas devoran contenido con la misma facilidad y rapidez con las que otras lo escupen al éter.


Y no es “culpa” de ninguna de las dos partes, estamos inmersos hace mucho tiempo en un consumo absurdo de todo lo que nos rodea, absurdo nivel distopía. 

O sea, estamos viviendo una pandemia, calentamiento global, destrucción de nuestro ambiente, vuelta a pensamientos oscuros y totalitarios debido, en gran parte, a ese consumo desmedido. No es chiste, no es metáfora. Está pasando.


Y así hacemos todo, así queremos todo. Rápido, en cinco segundos, pre digerido, pre pensado, pre resuelto. Que no moleste mucho y no nos haga pensar porque tenemos que ver otra cosa rápido porque la realidad aburre y hay que ponerse serio y no tenemos ganas. 


Nada. Y todo. Y blablá.


Hace demasiado tiempo que estoy muy callada porque estoy cansada, me siento apagada y repetitiva y horrible.

Pero con 40 años me conozco lo suficiente como para saber que, si no me lo saco de encima, si no lo expreso de alguna forma, me vuelvo un ser oscuro y amargado y más Grinch que de costumbre.


O me quedo así, hablando tal vez un poco más de lo recomendado por los algoritmos (y ganándome el odio de muchas más personas, jaja) o me voy en silencio con la mirada perdida y tirando a la basura 12 años de mi vida y la de mi familia y la de todos los que me apoyaron hasta ahora.


No sé por dónde voy a empezar porque soy súper desorganizada y me muevo demasiado por impulsos (¿a qué no se habían dado cuenta de eso?).

Pero espero no perder el hilo ni la voluntad, porque realmente necesito hacer esto para volver a encontrar la razón para seguir tejiendo y enseñando y diseñando y charlando por acá con las ganas, y el alma, y la cabeza y todo lo que se merecen todos ustedes que están del otro lado.


Porque esto es una ida y vuelta. Mi tiempo, su tiempo. 



Y en el próximo capítulo: cómo empecé a vender mis muñecos y todos sus pormenores (precios, facturas, impuestos y toda esas cosas muy muy aburridas).

PD: Si quieren leerlo de primera mano y sin la perspectiva del paso del tiempo, pueden comenzar con las entradas del 2009, cuando nació Pica Pau…pero no me hago cargo de las tonterías que escribía a los 29 años.













 

Comentarios

  1. felicitaciones por escupir lo que te molesta, enoja, etc,hace bien, siempre es un placer leerte, sos de las pocas personas que logras que “me sienta a leerte”porque algún mensaje me traes (si mi lado espiritual y el sarcasmo van de la mano, jajaja). saludos, ojala pueda leerte nuevamente.

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  2. Yan... Nada y Todo ... cada vez que te leo ( y no siento de ser la única ) por esas cosas me imagino tratando de mandarte "telepaticamente" todo lo que ( con respecto a mi persona ) tu mundo fantastico , me acompaña , me entusiasma y me ayuda a Sanar ... soy muy agradecida de poder estar haciendo un taller tuyo ( aunque se q con mi falta de memoria todo se me va a olvidar ni bien termine a Elena Cierva ) creas o no y a es raro porque a través de una pantalla y unos minutos de ver tus manos crear y enseñar ... haces que por ese tiempo sea YO ! Gracias !

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  3. Querida Yan que difícil plasmar en un escrito estaría de ánimos y la vida misma. Celebro poder leerte para comprender y entender el difícil día a día de personas tan maravillosas como vos. Cuántas frustraciones que has debido pasar por personas mal intencionadas, cómo no estar triste, cansada y desmotivada?
    Te conocí gracias a mi mamá que con sus 90 años teje todos tus personajes de los dos libros y se conoce la vida de cada uno de ellos. Esta fascinada con tus libros, tu hermosa familia y tu vida misma. Quiere tener en sus manos el tercer libro antes de cumplir sus 91 en Diciembre.... o espero un poco más pero lo voy a tener !! Muchas familias del mundo entero se alegran y reviven su infancia con tus personajes. Qué maravilla! A pesar de los sinsabores y malestares piensa en la alegría que despiertas en cada persona grande o chicos que disfrutan y celebran que existas. Deseo que puedas volver a sentir esa alegría que te caracteriza y así volver a disfrutar todos los momentos. Los que te queremos te mandamos fuerzas. Un beso grande

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  4. Sos lo más!!! Te conocí en 2017, no entendía nada de Instagram sigo sin entender bocha de cosas como los reels por ejemplo. 🤷‍♀️Estando embarazada luego en un post me di cuenta que también lo estabas. Se asomaba la panza. Nacieron con un día de diferencia ajaja. Luego descubrí que tenías libros. Corrí a comprarlos estaba chocha. Empecé Pedro von dito y encontre un error, me trabe no había forma que me salga, hice la nariz 20 veces, ante mi indecisión ose escribirte y para mi asombro me respondiste!!! Saltaba en una pata. Le dije a mi marido Yan la autora me contesto!!! No podía creerlo. Porque sos eso sos la creadora de toda esa belleza.
    Que los 1730 se vayan a comer pastito a otro lado. Se lo difícil que es que te resbalen las cosas. Depende mucho de cada uno. Pero somos 171270 que queremos tu trabajo y lo valoramos. Al que no le guste tiene el botón de no seguir. debe ser un asco recibir insultos y amenazas con que motivo porque eyyyy que motivo puede haber????
    En los talleres muero de risa. Con tus hijas ahí yo estoy igual 🥴Tengo ratitos solo ratitos pero son todos para tejer. Marido dice que tengo una adiccion. Eso es por no entender el placer que genera terminar uno y empezar otro. Terminarlo tenerlo en mis manos. A veces pienso cual será el preferido de sus hijas? Tienen su propia estantería y todo.
    Seguí creando seguí siendo yan. 🙏Los de afuera son de palo. Es así. Pero por sobretodo hacer lo que hace bien. Y si no es esto ya será otra cosa. Ya encontraras la vuelta. O patrones sueltos o taller o lo que sea.
    Despertaste una pasión en mi por esos muñecos.
    Sos una grosa. Humilde y cero hipócrita.Y eso se valora. Besos Yan. Y gracias!!!!!! ❣️

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  5. Sos muy buena, en todo. Tus libros, tus muñecos, tu prosa. Gracias por compartir-nos tus sentimientos, sólo quiero decirte que deseo que puedas reencontrar las ganas, el entusiasmo, y la energía que hace de tu trabajo algo maravilloso, único, que se destaca del resto. Te admiro

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  6. Como extrañaba sentarme a leer blogs. Me encantó leerte y acompañarte. Yo te descubrí en pandemia. Nunca había tejido un amigurumi, tampoco me interesaba, tejo crochet un poco más de caradura que con conocimientos. Estoy hace un par de días tejiendo tu guirnalda navideña y la amo. Pienso comprar tus libros para ver si me salen. Si no lo hice hasta ahora es porque tengo un hijo que cuenta los paquetes que llegan a casa para el y para mí. Pensar que le preste mi cuerpo nueve meses. Pero así que libro digital eh? Sacala del centro hijo mío

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  7. Yo pensé que compraba tus libros para mi, porque tejer me funciona como meditación, estaba pasando un mal momento y necesitaba algo en donde poner la cabeza y contar puntos, vueltas y cambios de color me ayuda a no pensar "en eso" (sea lo que sea en ese momento). Pero no, ellos (7 y 11 ahora) agarraron los libros, leyeron las "biografías" y eligieron, cada uno siguiendo sus gustos y personalidades. Mis sobrinas también hicieron lo mismo. Verlos ojear los libros, "robarlos" cada vez que paro de tejer y los dejo un rato, pedir más personajes o cambios de ropa (mi zorro me salió metalero, me lo pidieron con remera de calavera!!) es tan tierno. Hasta tuve que reclamar a Hans y a Rosa para mi! Y la emoción cuando nos enteramos que sacabas otro libro, ya eligieron sus personajes y cada vez que me ven con las agujas me preguntan si ya salió y si ya empiezo con los nuevos personajes.
    Tus personajes son para ellos, pero tus referencias para mi, es otra cosa que me gusta de tus libros. Y para quienes amamos los libros, tenerlos en las manos es superior, es algo único. Tus libros huelen a té, lo sabías? Por lo menos los míos, cada vez que empiezo un personaje nuevo, abro el libro y sale eso olorcito a té (será la tinta? las colas? la magia?). El olor a té me parece tan relajante... será eso?
    Hace cuanto no me tomaba mi tiempo para leer un blog! Gracias por eso también.

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  8. Te abrazo, te abrazo, te abrazo. Leí todo y siento que te entiendo, sin haber vivido nada de lo que cuentas. No tengo más palabras, me hiciste llorar. Gracias por tus libros 💕

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  9. Gracias por su trabajo. Vivo en Perú y aqi mucho personas vende munecos sin escribir por los menos nombre de diseñador. Vende online y offline, tienen miles sigedores pero no escribe ni palabra q ellos no esta diseñadores de patrones. Como ejemplo empreza "un lunar" tiene colaboración con mucho supermercados y vende muñecos de diseno de pica pau, amalou etc etc etc. Mucho fuerza para usted, creo q es molesta muchísimo cuando alguien se roba su propiedad intelectual. Una vez más gracias por sus libros. Un abrazo

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  10. Hola Yan, me encantó leerte, me gusta conocer a las personas que me despiertan admiración, como en tu caso. Imagino que liberador habrá sido expresar toda esta "carga, cúmulo,etc" Coincido con tus reflexiones, análisis,sentires, mirada de la realidad. También me maravillo del intercambio que se genera en los espacios virtuales. Espero con ganas tu próxima publicación. Adquirí tu último libro (el primero para mí) y lo estoy disfrutando muchísimo �� Aún no he tejido nada, voy a buscar uno de nivel básico ja �� y después te cuento como me va. Cariños �� desde Rosario ���� Gaby

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  11. Ay que hermoso. Extrañaba esa intimidad que da el leer sin distracción de estímulos continuos en redes, conectarse sinceramente con lo que el otro comparte. Me encanta tu prosa y tooodo lo que haces. Admiración ✨🌼

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