jueves, 29 de enero de 2015

Cada vez más real


Primero, debo felicitarme porque logré mi primera resolución: escribir dos veces por mes en el blog.
Si, acepto que probablemente mi promesa no dure todo el año. Pero es un gran comienzo.

Ahora bien, lo más extraño de este primer mes del año es que ayer, miércoles 28 de enero del 2015, entregué el primer borrador del libro de patrones a mi editora. Todo.
Pánico, vergüenza, ansiedad, alegría, sudor en las manos, insomnio y todos los temores y expectativas que se puedan imaginar. Y más. Sudor frío en lugares indeseados.Y revoltijo de panza.

En principio, estoy a punto de morir de vergüenza. Escribí tal cantidad de sandeces y chistes malos intentando ser simpática y me fui tanto por las ramas, que creo que más que un libro de patrones escribí un libro de autoayuda. Un libro de autoayuda con ejercicios de crochet para aliviar las tensiones de mujeres estresadas por la vida moderna.
Lo que confirma mi sospecha de  que en otra vida fui una pésima actriz de comedia y todavía su espíritu se apodera de mi cada vez que no sé que decir y me pongo nerviosa.

Por otro lado, ¡pánico! Porque a pesar de que me gustaría que algunas de esas tonterías que escribí quedaran en el libro (aunque ya me adelantaron que van a recortar bastante porque hablo demasiado...obvio) tengo terror de lo que piense la gente. Imaginar que alguien lo va a leer, y va pensar "¡que idiota! a quién le interesa su vida? sólo quiero saber como hace el perro salchicha"...ahhhhhhh!!!

Pero ya está.
Es eso.
Son más de 6 años de mi vida en un libro de patrones de muñecos de crochet.
Loco.

Perdón.
Mientras voy escribiendo estas palabras estoy empezando a procesar todo esto. Y no sé que decir. Lo cual me está empezando a asustar un poquitín...

Ehh, bueno, nada. Realmente me quedé sin palabras.
Todo lo que ven en las 3 fotos es todo lo que estuvo pasando estas semanas. Leer y releer patrones.
Probarlos. Intentar explicarlos. Imaginar como van a ser las fotos, el paso a paso.
Esperar el fin de semana para que mi marido, con demasiada paciencia, se suba a la mesa en un set hiper improvisado y saqué más de 400 fotos de mis manos con una horrible manicura.
Tejiendo, haciendo nuditos, cosiendo hocicos.

No creo en demasiadas cosas, pero cada vez creo más en la capacidad de las personas de hacer.
Y que nos inventamos demasiadas excusas para no levantar el culo de la silla.

Justo hoy leí esto,

"Don't let the fear of what could happen make nothing happen"
(No dejes que el miedo a lo que podría suceder haga que nada pase" o algo así)

Clásica frase tontolona de libro de autoayuda,  pero no deja de ser bastante cierta.

Así que eso.
Hagan.
Se suda bastante, pero vale la pena.









viernes, 9 de enero de 2015

Resoluciones.


Quería hacer esto de las resoluciones antes de fin de año, como es habitual en buena parte de la humanidad. Pero, fuera de la falta de tiempo, soy bastante reticente a hacer todo lo que hace todo el mundo por creer que tiene que hacer todo lo que hace todo el mundo (si, así de trabalenguas)
No soy feliz en navidad porque se supone que hay que estarlo y no me preocupa no llegar a brindar a medianoche si me desperté a las cinco de la mañana y me quiero ir a dormir a las diez. Y no me gusta  para nada el champagne.
Lo sé, es espíritu que huele a adolescente. Pero soy de las que creen que está bueno conservar ciertos aspectos de cada etapa: el juego, la curiosidad y la magia de ver todo por primera vez de un niño, el cuestionar todo de un adolescente. 
Pero fuera de eso, de mi tonta rebeldía, venía bastante bien por la vida sin nunca haber planificado absolutamente nada.
Nunca tuve tantísimos amigos. En parte porque vivo encerrada trabajando desde mi casa, en parte porque soy madre desde muy joven, en parte porque tengo un carácter bastante jodido y a veces creo que la gente me tiene miedo.
Nunca tuve muchas cosas. Todavía vivo en un departamento que me presta mi familia y tengo un solo ropero que comparto con marido e hija (eso sí, mi hijo adolescente tiene todo un ropero para el solito, el maldito)
Y mi vida siempre fue y sigue siendo un caos. Hijos mascota, marido, trabajo, mugre, desorden, paredes completamente dibujadas, pelos, piedritas de gato, madejas de hilo, agujas, cuadernos y lápices en cuanto hueco de la casa exista.
Pero soy feliz. Creo. 
Si, soy bastante feliz.
Sin embaaaargoooo... había algo que no me estaba funcionando. Y me molestaba tanto como esas ampollas que se te hacen por hacerte la guapa y salir a caminar en zapatillas sin medias.

Es normal que el trabajar por cuenta propia y desde casa, después de muchos años, termine por eliminar del almanaque feriados, fines de semana, vacaciones, cumpleaños. Y ese no es el problema.
El problema es que en ese trabajar siempre sin parar un segundo ni para ver si te levantaste con el mismo rostro con el que naciste,  se termina desdibujando cualquier meta/objetivo que uno se podría haber planteado.
La cotidianidad y la comodidad de saber que todos los días son más o menos iguales tienen ese maldito efecto.
Y a pesar de que cuando empecé con los muñecos no tenía intensión de que terminara en algo concreto (profesión: hago muñecos de crochet??? sisi, seguro, re profesional) al poco tiempo, y sin poder o querer planificarlo, esta profesión inventada había ocupado el cien por ciento de mi vida.
Ocupó todo mi living, comedor, ropero, mis mesas, mis bolsos. Ocupó todo. Y yo seguí. Tejí para vender lo que salía de mis manos y seguir comprando hilo. Tejí para comer. Tejí mis ideas, tejí los proyectos de otros e inventé proyectos en común con personas geniales.
Y cada vez fue más lindo. Cada vez más complejo.
Conocí gente maravillosa que creyó en mi para hacer proyectos increíbles. Conocí gente horrible que traicionó mi confianza en el tiempo que se tarda en cebar un mate.
Logré que mis muñecos llegaran a todas partes del mundo y mis patrones fueran publicados en un par de idiomas. Logré que “el diseño” de mis personajes fueran el común denominador de gran parte de la oferta de muñecos en mi país (y no por voluntad propia).
Logré tener un pequeño ingreso que me permitió seguir trabajando desde casa, disfrutar (y soportar) a mi hijos y no tener que preocuparme por mi aspecto antes de salir de casa (cosa que me embola de sobremanera). Logré poder levantarme a las 3 de la mañana para terminar pedidos, entender que tengo que pagarle a la Afip gran parte de lo poco que gano por cada muñeco que hago y aprendí a tejer con mi hija a upa mientras soporto durante horas la voz de Mickey Mouse.

Todo esto lo logré sin planificar demasiado. Tuve mucha suerte. Y trabajé bastante más, muchas veces sin recibir demasiado a cambio. Más de las que me hubiese gustado. 
Pero siempre lo hice pensando que era para un proyecto mayor. El problemita es que, un día me di cuenta que nunca me había sentado a pensar cuál era ese proyecto. 
Así que en febrero del año pasado, a pesar de todo mi rebeldía adolescente de 33 años, hice una lista de resoluciones, o más bien proyectos, para el año. No porque hubiese madurado, sino porque mi cabeza estaba por explotar y mi marido, como buen ingeniero, me obligó a “ordenarme y planificar".

La verdad, no completé ningún proyecto de la lista.
Pero me ayudó  muchísimo a delimitar con claridad por donde quería transitar. 

Y hago hincapié en la diferencia fundamental entre transitar POR donde y transitar HACIA donde.
Porque todavía no sé hacia donde quiero ir, y no sé si quiero o lo voy a saber algún día. 
Aunque si tengo bastante claro como quiero que sea ese camino.
Y por eso estuve tan desaparecida, y por eso dejé de escribir acá.
Y por eso también volví.

Hoy no tengo muchas ganas de escribir sobre todo lo que hice el año pasado. Algunas cosas las conté en Facebook (maldita costumbre que conspira bastante contra escribir largos posts en un blog), otras no sé si son tan interesantes. 
Y, la verdad verdadera, la mayoría de las veces me siento bastante estúpida escribiendo sobre mi vida pensando que un montón de gente que no me conoce va a estar interesada. Y después recuerdo lo chusma que somos por naturaleza y sigo escribiendo (si, soy malísima)

Y para seguir sumando, ya  escribí demasiado y todavía no dije nada de lo que quería contar.
El tema es que, acá, sentada y parándome cada cinco minutos para cumplir los deseos de su real alteza, la señora Juana, estoy pensando en volver a hacer esa lista que hice hace un poco más de un año. Si, eso que hace todo el mundo porque todo el mundo lo hace.
Primero, porque tengo pretensiones de terminar todo lo que empecé el año pasado (dos libros, dos proyectos para hacer muñecos con gente muuy copada y unas cuantas cosillas más). Segundo, porque necesito organizar un poco el caos cotidiano. O al menos hacer de cuenta que lo organizo. 
Pero, principal y fundamentalmente,  para no olvidarme que:
- lo que más amo y más me importa ya lo tengo y está a mi lado,
-las cosas que le sirven a todo el mundo no tienen porque serme necesarias o útiles a mi, y eso está bien,
-siempre hay que dejar espacio para las novedades y el cambio de rumbo en el medio del viaje,
- las metas están buenas, pero que hay que disfrutar del camino (si, súper cliché, pero para mi cada vez más real),
-escribir “tejo muñecos de crochet” en una solicitud de visa es de las cosas más desopilantes que hice  y supongo haré en toda mi vida,
-lo que más divierte no es tachar cosas de mi lista, sino poder seguir agregando, 
- voy a escribir al menos dos entradas al blog por mes y organizar el quilombo de fotos que tengo por todos lados.
Ok. Probablemente esta última sea el equivalente a “comenzar la dieta el lunes", pero vamos que se puede.

Obviamente espero que todos hayan tenido unas excelentes fiestas  (gusten o no de las tradiciones)y  un mejor comienzo de año 
Pero más espero que recuerden siempre que,  mientras no le jodan la vida a nadie, pensar, decir y hacer  lo que uno quiere como quiere y cuando uno quiere es un derecho que todos tenemos y necesitamos hacer valer.

Demasiado libro de autoayuda por hoy. No era la idea, pero salió así.

Tampoco tenía buenas fotos ahora, así que va una especie de  "las sobras de ayer” (lease, del año pasado). Bien a tono con las fiestas y la altura del año.



Bocetos e ideas para el libro de dibujo






Jirafa de 150 cm para el Hospital de Niños Gutierrez




Primero esbozos para el libro de patrones





Mi persona en el diario Tiempo Argentino (yo y mi cada de nada)




Ellos, solo porque son muy lindos y no me dejan dormir a la noche




El otro Gran gran proyecto, los muñecos de los personajes de Liniers




Pero en el fondo, todo gracias a estos.




Y un pequeñísimo adelanto: la felicidad de las primeras fotos para el libro.




 Siempre con mucho de "hecho en casa".


Y ya me duele el cuello por intentar escribir de costado mientras Juana me pide otro maldito capítulo del maldito Mickey.  Así que chau.
Espero mantener mi promesa un par de semanas más y andar por estos lares pronto.

Besos enormes a todos
Yan