jueves, 3 de abril de 2014

150 cm de jirafa.

Primero lo primero.
Me encantaría poder darles un abrazo enorme a todas las que se tomaron la molestia de escribirme y expresarme tanto cariño. 

En una actualidad donde todo parece estar teñido de pura agresividad resguardada bajo  el anonimato virtual, es súper gratificante comprobar que la gente todavía es capaz de EXPRESAR amor. Y aclaro "expresar" porque creo que hay muchísima más gente bondadosa que ruin, pero cuando el ambiente general anda tan caldeado parece que tenemos miedo de que nos pasen por arriba si nos mostramos  "buenos".

Y, como la violencia genera más violencia, creo que no es tonto pensar que los actos y palabras de amor generan más amor. 

La cuestión es que, hace 1 mes aproximadamente, me contactan preguntándome si quería y podía donar algún muñeco para una subasta a beneficio del Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutierrez de la Ciudad de Buenos Aires. 
Obvio que si. 

Una semana más tarde, esa misma persona (nombrémoslo, Fabian Trigo de Latido Edición Limitada) me pregunta si no quería, además de donar el muñeco, participar de un nuevo proyecto donde se iban a donar jirafas de 150 cm (de esas que se usan para medir a los chicos en hospitales y clínicas) para el mismo hospital.
Estaba en el auto, con mi hija afiebrada camino al hospital (no al Gutierrez porque vivo en la otra punta). Por mensajito de texto y medio sin pensarlo dije que sí.
Me resulta muy difícil decir que no. Y he trabajado tantas pero tantas veces gratis, tanto para proyectos copados como para gente que se abusa de que sos un don nadie y que amas lo que haces, que no iba a decir que no a algo que es para los chicos.

3 semanas: 1 metro 50 centímetros de jirafa. 
Decir que tejí más de 5 horas por día todos los días, en las posiciones más irrisorias e incómodas, sin patrón, sin modelo previo (con el zorro XL ya tenía la versión normal), que insulté tanto a mi familia por estrés que todavía no sé como quieren seguir viviendo conmigo (supongo que porque ninguno sabe cocinar), que mi espalda es inservible y que tengo las ojeras más grandes del mundo (si encuentran las fotos del evento, van a entender perfectamente porque no las publico acá, soy un zombie), es cuasi anecdótico.

A pesar del cansancio, de las puteadas (entre lo que deshice y los mil errores que tiene) saber que es para  hacerle un poquito más agradable la estadía a los chicos que van al hospital te carga de tanta energía positiva que dan ganas de vivir tejiendo jirafas gigantes.
Obvio, tengo que comer y a mi familia no creo que le guste mucho la idea de seguir conviviendo con el monstruo que la jirafa generó, pero creo que es algo que todos deberíamos hacer de vez en cuando.

No hace falta tejer una jirafa, pero las que saben tejer, una manta, un muñeco. O lo que sea, para quien sea que lo necesite.

Estamos muy alienados, nos tenemos miedo entre nosotros y llegamos a picos de violencia que me ponen la piel de gallina. Somos todos contra todos. Y los chicos quedan en el medio y terminan pagando nuestra inmadurez como sociedad.
No hace falta mucho, somos el ejemplo. Con actos simples, como tejer un muñeco (seamos sinceros, no le estoy salvando la vida a nadie) se hace mucho. 

Porque expresamos amor.
Y todos, absolutamente todos, necesitamos un buen abrazo de vez en cuando.




























Sisi, me puse demasiado cliché melosa para mi gusto, pero creo que la ocasión lo amerita.
La próxima vuelvo con mi cinismo habitual, no se preocupen.


Besos enormes y buen fin de semana!
Yan